Fundacion PabloVI
En las raíces de Europa por la paz y la unidad
Tuesday, September 29, 2026El papa León XIV lanza un desafío a Europa en la última etapa de su viaje a Francia. Ante los líderes de las cuatro principales confesiones evoca la diversidad cultural y política que está en su origen y que es baluarte de la paz: “Europa puede poner fin a esta espiral gracias al respeto por el otro… Es posible hacer valer opiniones, reivindicaciones e intereses divergentes, encontrándose en lugar de enfrentarse”. Metz, la capital de Lorena, no se eligió por casualidad para la etapa final de la visita del Santo Padre a Francia: concurren la vecindad con Alemania, Bélgica y Luxemburgo; la cercana tumba de Robert Schuman, uno de los padres de Europa, declarado venerable por el Papa Francisco en 2021; una historia de fronteras marcada por guerras y reconciliaciones europeas a lo largo de los siglos; y los impresionantes restos de arqueología industrial del siglo del carbón y el acero. La región de Alsacia y Mosela tiene un estatuto jurídico excepcional en Francia: no se aplica la estricta separación entre Iglesia y Estado: sigue en vigor el Concordato de 1801; cuatro confesiones – católica, luterana, calvinista y judía – tienen reconocimiento oficial y sus ministros reciben un salario del Estado francés. La presencia del presidente Macron en el acto religioso del 28 de septiembre en el Centro Robert Schuman se puede leer en este contexto particular. En su discurso del 28 de septiembre sobre Europa, pronunciado en francés, el Santo Padre aborda algunos de los temas que han sido objeto del seminario permanente de la Fundación Pablo VI[1]. León XIV evoca una realidad europea que debe entenderse “como cultural e histórica antes que geográfica… que ha progresado cuando ha sido capaz de asimilar los aspectos positivos de su pasado y de replantearlos de formas nuevas y creativas gracias al encuentro con el otro”. Encuentro que el papa León sitúa, por ejemplo, en la presencia de la cultura árabe en la península ibérica y en la proyección del “viejo continente” hacia al “nuevo mundo”, generando “a veces de manera dolorosa, síntesis inéditas en el continente americano”. Un encuentro que hoy se traduce en “la llegada al continente de tantos hombres y mujeres que huyen de zonas de guerra y persecución, o que buscan una mejora de vida lejos de la miseria”. Cita a continuación sus propias palabras del 11 de junio pasado en Canarias: “La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra”. El Papa no duda en hablar de la deuda de la cultura europea con el cristianismo, y menciona al respecto el artículo 17 del TFUE, – que promueve un diálogo abierto, transparente y regular con las Iglesias – lo que no contradice la aconfesionalidad de las instituciones. Minutos antes, el papa acababa de celebrar en el mismo sitio un encuentro interreligioso por la paz con líderes budistas, cristianos, islámicos y judíos. Abordando el tema de la guerra, tan preocupante en la actualidad, el papa advierte que “la búsqueda de la paz… no debe confundirse con un irenismo ingenuo”. Cita al propio Robert Schuman: “la paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan” (Declaración Schuman, 9 de mayo de 1950). Pero lanza una advertencia contundente: “Hay que tener cuidado con la ilusión del rearme… Hoy, la pregunta es si realmente estamos haciendo esfuerzos creativos para promover la paz en el mundo, o si simplemente estamos tratando de detener la hemorragia de la guerra y prepararnos mejor para las que suponemos que todavía están por venir”. Difícil pregunta que nos deja el Santo Padre, en un mundo en el que, él mismo lo dice, “las relaciones entre estados se vuelven cada vez más bárbaras”. Frente a ello, otro mensaje de gran calado: “Europa puede poner fin a esta espiral gracias al respeto por el otro… Es posible hacer valer opiniones, reivindicaciones e intereses divergentes, encontrándose en lugar de enfrentarse”. ¿Realmente está en nuestras manos romper la espiral de la guerra? En cualquier caso, ir a contracorriente es una carrera de fondo, especialmente para los jóvenes, y no se resuelve en un día: debemos redescubrir “el valor del tiempo y de la paciencia. Sólo con pequeños pasos se puede dar vida a esta solidaridad concreta, que implica que nadie se sienta abandonado u olvidado”. [1] ¿Cómo responde Europa? Revolución digital y transformación del trabajo. Editorial Tirant Humanidades, 2026
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