Fundacion PabloVI
Justicia contributiva: empresas en las que todos sientan el orgullo de participar
Wednesday, July 29, 2026¿Puede una empresa ser competitiva, al mismo tiempo que promueve la dignidad de los trabajadores? Las crisis actuales –cambio climático, polarización, competición geopolítica, guerras, escasez de recursos– parecen abocarnos a un final catastrófico. Y, sin embargo, seguimos contando el crecimiento del PIB, o de las ventas, o de los beneficios, como si no pasara nada. Y todos quieren más para sí: el debate habitual de la “justicia distributiva”. El objetivo implícito es siempre el mismo: maximizar el consumo. Una visión pobre, un mundo donde todo es cuantitativo y la persona humana, reducida a consumidor pasivo. Nos hemos olvidado de otro concepto tradicional en la filosofía moral: la justicia contributiva o, en términos a veces utilizados en documentos católicos, el derecho y el deber de participar[1]. El filósofo norteamericano Michael Sandel (no es cristiano) define bien la idea: “Somos lo más plenamente humanos cuando contribuimos al bien común y nos ganamos la estima de nuestros conciudadanos por nuestra aportación”, y se pregunta por qué permitimos que muchos trabajadores se sientan ignorados, cuando necesitamos más que nunca reforzar la cohesión social[2]. La deriva de los electores hacia posiciones extremas e irresponsables hunde sus raíces en esta falta de reconocimiento. Estas derivas peligrosas ¿no bastan para que replanteemos radicalmente la actividad económica? La doctrina social católica habla de una economía centrada en la persona: una persona real, que se relaciona con otros y puede aportar a la sociedad. El paso es radical, pero no hace falta “cambiar el sistema”, sí ampliar decididamente nuestros objetivos y nuestros criterios morales: “usar la infraestructura capitalista para sacar beneficios económicos de la consecución del bien moral”, según propone otro pensador actual, Markus Gabriel[3]. Esta ampliación de fines ¿permite a la empresa ser competitiva? Probablemente lo sea más, y de forma más duradera, que una que se limite al beneficio a corto plazo. En la opinión común, la “responsabilidad social” tiene mala prensa, se la descarta porque “la empresa lo hace para ganar dinero”. Aquí hay un malentendido que es preciso erradicar: por supuesto, todo lo que haga una empresa está en su línea de continuidad y de éxito, no puede ser de otra manera. Pero hay muchas formas de hacer beneficios, algunas son más sostenibles y mejores que otras. ¿Cómo se obtiene rentabilidad de la rectitud moral y de la ampliación del horizonte moral en la empresa? Por ejemplo: promotores e inversores inmobiliarios que unen esfuerzos y recalculan sus planes de negocio para aumentar la oferta de vivienda accesible; empresas que definen sus proyectos de uso de IA para que ésta sirva a mejorar el servicio y a reforzar la capacidad de las personas, y no a sustituirlas; empresas que se acercan a entidades solidarias de probada profesionalidad y eficacia, para ayudarlas a escalar sus proyectos de inserción sociolaboral de jóvenes vulnerables. Con esto, y con otras muchas iniciativas, tendremos una fuerza de trabajo motivada y orgullosa de su contribución a un mundo mejor. Y la empresa tendrá éxito. [1] Carta de los obispos católicos de USA Economic Justice for All (1986, n. 71). Compendio de la doctrina social de la Iglesia n. 354 y 374. [2] The Tyranny of Merit, 2020, p. 211. [3] Gutes tun (Hacer el bien), 2025
La entrada Justicia contributiva: empresas en las que todos sientan el orgullo de participar se publicó primero en Fundación Pablo VI.